EEUU no sabe qué hacer con los «terroristas viejos» que siguen en Guantánamo

ESTADOS UNIDOS, Miami.- Después de 17 años, Guantánamo se está convirtiendo rápidamente en un asilo para ancianos sospechosos de terrorismo. El hombre de más edad, que aún permanece detenido, tiene 71 años; otros ya pasan los 60. No está del todo claro cómo planea el gobierno de Estados Unidos cuidarlos en su vejez.

Los 40 prisioneros que quedan en la Base Naval de la Bahía de Guantánamo tienen las mismas dolencias físicas que cualquier otra población que envejece: necesitan reemplazos de cadera, cirugías oculares, tratamiento del sueño, curar trastornos de salud mental y, algún día, padecerán de cáncer y demencia. Mientras los abogados defensores dicen que muchos detenidos sufren los efectos nocivos de brutales tácticas de interrogatorio, EEUU se ha comprometido a prestarles la misma atención médica que a sus propias tropas, de conformidad con los Convenios de Ginebra.

La realidad es que las instalaciones médicas construidas para tratar a los detenidos, no pueden hacer frente a todo tipo de cirugía que los pacientes geriátricos normalmente necesitan. El Congreso ha prohibido el traslado de detenidos a Estados Unidos continentales, lo que significa que cualquier tratamiento que reciban deberá hacerse en la punta de Cuba.

«Estamos atrapados entre la espada y la pared. El Artículo III de las Convenios de Ginebra establece que debemos dar a los detenidos una atención médica equivalente a la que le daríamos a un soldado, pero la gran diferencia es que si un soldado se enferma, lo enviamos a su casa en Estados Unidos. No podemos hacer lo mismo con los detenidos”, dice un alto oficial. En casos de suma emergencia, los especialistas médicos llegan en avión, desde una base en Miami.

La mayor parte de la planificación para convertir a Guantánamo en un hogar de ancianos para terroristas depende de los políticos del Pentágono, y no está claro cuál es el plan. Por ahora, parece no existir. Lo cierto es que Barack Obama prometió cerrar «lo antes posible» la prisión operada por el Pentágono, pero apenas Donald Trump llegó a la presidencia, hizo campaña para llenar la base con más sospechosos de terrorismo.

Desde un día de enero, hace 17 años, cuando aterrizaron los primeros prisioneros, hasta hoy, dos cosas han permanecido constantes: la prisión de la Bahía de Guantánamo sigue abierta y una reportera, Carol Rosenberg, ha estado cubriéndola para el diario The New York Times. Ella observó el arribo de los primeros 20 hombres sin nombre. «Si cierras los ojos e imaginas una foto de 20 hombres arrodillados en trajes de color naranja con pañuelos tapándoles la cara, fue tomada el primer día por un fotógrafo de la Marina», dijo Rosenberg.

En los largos años transcurridos desde que la base naval fue transformada para detener a prisioneros sospechosos de tener algo que ver con el terrorismo anti-estadounidense, 780 hombres han estado en sus celdas (algunas parecidas a jaulas). Algunos de ellos –como Khalid Sheikh Mohammed, o KSM, el supuesto autor intelectual de los atentados del 11-S a las Torres Gemelas– pasaron primero por un puesto secreto de la CIA dentro de la base militar, conocido como “el agujero negro”.