El Papa pide a trabajadores de la belleza que dejen de «chismorrear»

ITALIA, Roma.- El Papa Francisco quiere que los peluqueros, estilistas y esteticistas refresquen sus actitudes al no cotillear, chismorrear o «cotorrear» en el trabajo. Alrededor de 250 miembros de la industria de la belleza se reunieron en el Vaticano con el Papa, quien les dijo que debían «evitar caer en la tentación de los chismes que se asocian fácilmente con su trabajo». El Sumo Pontífice agregó que mejor realizaran sus labores «con estilo cristiano, tratando a los clientes con gentileza y cortesía, ofreciéndoles siempre una buena palabra y ánimo».

Los comentarios del Papa son la segunda parte de las advertencias que hizo el año pasado sobre los chismes, cuando dijo que «los chismes son terroristas porque con sus lenguas lanzan una bomba y luego se van, y la bomba que lanzan destruye la reputación en todas partes». Según algunas estimaciones, alrededor del 60 por ciento del tiempo que un ser humano invierte en hablar, implica algún tipo de chisme sobre relaciones sociales o experiencias personales.

Los historiadores comentan que el chisme es parte de nuestra naturaleza humana a través de la evolución. Dicen que nuestros antepasados ​​prehistóricos vivían en pequeños grupos y se conocían todos, por lo que era necesario cooperar. Entonces, el chisme era necesario para recordar quién cooperaba y quién no, y en quién se podía confiar y en quién no.

Hoy, chismeamos sobre nuestros amigos, chismeamos sobre nuestros enemigos, y chismeamos sobre celebridades que nunca antes habíamos conocido, y probablemente nunca lo haremos. ¿Por qué esta fascinación por los chismes? Algunas formas de cotilleo son negativas o superfluas, pero otras parecen desempeñar un papel social beneficioso: Los chismes pueden ayudar a solidificar las relaciones personales y fomentar la cooperación.

 «¿Qué dice la Biblia acerca del chisme?». En el Antiguo Testamento, el chismoso es definido como alguien que revela secretos que suceden a su alrededor como un «traficante de chismorreos». Es el que le saca secretos a la gente y luego va repitiéndolos de casa en casa, ocasionando gran perjuicio para aquellos cuyos secretos le fueron confiados. El traficante de chismorreos tiene como su meta edificarse o vanagloriarse a sí mismo por medio de hacer ver mal a los demás.