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Exguerrilleros se suman a la ola de violencia en Colombia ¿Víctimas o victimarios?

El país suramericano se encuentra en medio de un rebrote de actos violentos donde los disidentes son los primeros señalados como responsables.

Colombia

BOGOTÁ, (Colombia). – Desde hace unas semanas, Colombia atraviesa una ola de violencia que mantiene al país en alerta y paranoico en un escenario que traslada a los locales a la época de los noventa, cuando este tipo de hechos eran recurrentes. En cada suceso, los principales señalados como responsables son integrantes de la guerrilla. Sin embargo, para este viernes 18 de septiembre, se conoció sobre la muerte de dos exmilitantes miembros de las FARC.

De acuerdo con AFP, se trata de dos exguerrilleros que firmaron la paz en 2016 y fueron asesinados en el suroeste de Colombia. Según un propio comunicado de las FARC, ahora partido de izquierda, ya son 228 los rebeldes que han caído en la espiral de violencia que siguió al desarme promovido por el presidente Juan Manuel Santos hace unos años. El suroeste de Colombia es en este momento epicentro de uno de los peores rebrotes de violencia que ha vivido el país luego de la firma de la paz con la otrora guerrilla marxista.

Se trata de Wilber Grueso, “exmiembro del frente 29”, asesinado en la ciudad de Cali el 13 de septiembre y de Vladimir Paredes, ultimado tres días después en el vecino puerto de Buenaventura, detalló en un comunicado el partido FARC, surgido de los acuerdos que pusieron fin a un levantamiento armado de seis décadas, en un comunicado. Ambos hombres se encontraban “en proceso de reincorporación” social y murieron por disparos, indicó una fuente de la exguerrilla que habló con la AFP bajo reserva. 

Esta agregó que de momento no tienen indicios de los responsables de los crímenes. “Estos dos exintegrantes de FARC-EP que le apostaron a la verdad y la reconciliación, se suman a esa larga lista de 228 asesinados posterior a la firma del Acuerdo”, agrega el comunicado. La fiscalía ha señalado como responsables de los asesinatos de excombatientes al ELN y a los disidentes de las FARC que se marginaron del acuerdo de paz, además de grupos financiados directamente por el narcotráfico.

Bajo la verificación de la ONU, el pacto de paz entre las FARC y el gobierno permitió el desarme de la que fuera la guerrilla más poderosa de América. Unos 13.000 hombres y mujeres, entre ellos 7.000 combatientes, abandonaron la lucha rebelde en el marco de un pacto que prevé justicia, verdad y reparación para las víctimas. La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) rechazó la “ola criminal” contra los excombatientes y exigió a las autoridades esclarecer “quiénes son los autores y determinadores de esta masacre colectiva”.